Subsisten con jornales de hambre, cortadores de limón en Michoacán

Al menos 8 mil jornaleros agrícolas que laboran en huertas de limón apenas obtienen lo mínimo para subsistir en la temporada de cierre de cosecha, con entre 600 y mil pesos a la semana, porque sólo hay dos días de corte, reporta en un artículo el periódico La Jornada.

Setenta por ciento de los trabajadores son oriundos de la región de la Tierra Caliente de Michoacán, y el 30 por ciento restante proviene de Guerrero, Colima y Oaxaca, principalmente.

A las 5:30 de la madrugada, la avenida Morelos de Buenavista Tomatlán se convierte en un enorme mercado de comida, y unos 2 mil cortadores de limón –de los cuales 10 por ciento son mujeres– se reúnen para esperar las camionetas que los llevan a las huertas ubicadas en 22 mil hectáreas en una veintena de ejidos y pequeñas propiedades.

Los jornaleros se concentran en diferentes puntos de Buenavista Tomatlán para ir a trabajar, y uno de los más importantes está en la cabecera municipal. Congregados en el centro de la localidad, salen alrededor de las 6:30 horas para iniciar el corte a las siete de la mañana y concluir al mediodía.

Los cortadores trabajan para diversos productores que les pagan 40 pesos por cada caja de 30 kilogramos. La mayoría logra llenar unas seis cajas y los más hábiles, nueve.

En las últimas semanas hubo corte del cítrico tres veces a la semana, pero las huertas se están agotando y sólo están sacando el fruto dos días a la semana. La temporada de cosecha regularmente concluye a finales de noviembre.

El alcalde Sergio Báez Torres comentó que los jornaleros “son el eslabón más débil en la cadena productiva. Si uno de ellos tiene esposa y cuatro hijos y labora sólo dos días a la semana, tiene que solventar los gastos de siete días con 600 o 900 pesos”.

Además, siempre existe la incertidumbre sobre si habrá corte. “Los jornaleros no tienen patrón, no tienen seguridad social; ellos suben a la camioneta, a una cuadrilla. Un día van a una huerta, otro día van a otra. Los dueños de las parcelas no saben ni quién fue a cortar”, señaló.

Gonzalo Ramírez se dedica a cortar limón desde hace ocho años. “No es sencillo, tenemos que usar guantes porque el árbol tiene espinas. Si no usas protección, es como si un gato te arañara muchas veces. Yo uso doble guante, pero al principio me confié y después de varios días tenía manos y brazos marcados por las espinas”.

Relató que el pago que recibe por esta actividad no le alcanza para el sustento de su familia, y eso que no paga renta porque vive con sus padres en Buenavista. “Los días que no hay corte, trabajo de ayudante de albañilería y con eso me la llevo”.

Báez Torres recordó que hace 13 años llegaron cientos de cortadores de limón de Colima; al cabo de dos o tres años decidieron quedarse y fundaron la colonia Nueva Jerusalén.

Mencionó que quienes llegan de Guerrero viven aislados, improvisan viviendas y duermen dentro de sus camionetas, pero no se mezclan, trabajan por temporadas y regresan a sus lugares de origen.

Dio a conocer que sus vecinos dicen que la mayoría de los fuereños no hablan español, incluso se menciona que quienes los traen en camiones de redilas les pagan lo que se les antoja.

Algunas familias guerrerenses llegan a comprar alimentos a Buenavista; frecuentemente van dos o tres núcleos familiares acompañados de al menos seis niños. Comen en la calle, suben a la camioneta en que llegaron y se marchan, de acuerdo con el edil.

Jesús Hernández Mora es propietario de tres hectáreas de limón cercanas a la localidad Pueblo Viejo. No contrata cortadores, pues junto con su esposa y dos hijas recolecta sus frutas. “Lo que obtenemos por la venta de limón no alcanza para pagar los jornales, así que nuestra familia es la que se encarga del trabajo”, argumentó.

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