La poda en los cítricos

Esta actividad forma parte fundamental en todos los árboles citrícolas, ya que tiene la responsabilidad de propiciar la correcta calidad y sanidad en los mismos.

* Introducción

En el proceso de producción de los frutos cítricos, cada etapa requiere un cuidado especial: tiempo, dedicación, esmero, y maestría en la materia para lograr el fruto de la dimensión y calidad deseada.  Si una de estas cualidades fallara en quien está a cargo de llevar adelante el proceso, sencillamente no se logrará el resultado deseado. Ello se verá reflejado en el esfuerzo mancomunado de todo el resto de la cadena de producción, y por ende, en la utilidad que generará a fin de cuentas el ciclo productivo. Sin embargo, para quien no ha formado parte de cada una de las funciones dentro del circuito productivo citrícola, o tan solo no se ha detenido a ver con atención, muchas veces ciertas tareas son subvaloradas. La poda es una de ellas, que a menudo para un observador no entendido en la materia puede parecer una tarea de poco cuidado. Muy por el contrario, en este artículo ponemos en valor el importante desempeño del laborioso podador citrícola, quien tiene la responsabilidad mediante sus cortes a conciencia, de acompañar y propiciar el correcto crecimiento de nuestra unidad productiva: el árbol cítrico.

  1. Morfología

El árbol cítrico no es diferente al resto de las plantas en cuanto a morfología, dividiéndose esta en dos partes básicas: la parte aérea (conocida como la copa del árbol) y el sistema radicular (comúnmente llamado “las raíces”). Ambas viven en una relación de equilibrio que presenta cierta correspondencia, entre el desarrollo de la parte subterránea (sistema radicular) y el volumen de la parte expuesta que puede apreciarse a simple vista (la copa del árbol). Si por alguna razón sucediere que se rompiere ese equilibrio la planta reaccionará para intentar volver a él; esto se da usualmente por dos causas principales: la acción de la mano del hombre en una incursión de poda muy fuerte, o la acción de la naturaleza por medio de fuertes vientos o plagas.

  • Sistema aéreo

Se le llama de esta manera a la parte superior del arbusto, comúnmente conocida como “copa”. Está formado por el tronco que se va ramificando en ramas principales y ramificaciones menores hasta llegar al follaje. El ángulo de inserción de las ramas principales con el tronco es distinto según la tendencia de crecimiento de cada variedad. Debido ella podemos hablar de variedades “de porte erecto” con tendencia al crecimiento vertical, entre ellas podemos mencionar la Salustiana, Marisol, Nadorcott, etcétera.

Cuando se insertan las ramas principales en un ángulo más cerrado con respecto al tronco, hablamos de variedades “de porte abierto”, entre las que podemos mencionar: las Satsumas, Clemenules u Oronules entre otras. A partir de estas ramificaciones principales se asientan diversas ramificaciones más o menos densas dependiendo de variedades y grupos. La frondosidad de estas ramificaciones y su tendencia de crecimiento (entiéndase “porte”) determinan el aspecto general del árbol a la vista. El podador conoce antes de incurrir en la poda, el comportamiento de la variedad, su tendencia y hábito de crecimiento, la densidad de la copa, entre otras variables ligadas a su desarrollo, para realizar su labor armónicamente y a conciencia de cara a objetivo (Furó Plá, 2017).

  • Sistema Radicular

Es también llamado raíces, o parte subterránea. Está compuesto en primera instancia por un grupo de raíces que sirven de sostén. Son las más fuertes y desarrolladas llamadas también raíces principales. De ellas nacen otras hacia los costados, usualmente denominadas raíces laterales o secundarias. Por su parte, éstas últimas a su vez se van ramificando y dando lugar a los llamados pelos radicales (botánicamente nombrados “barbada”) encargados de la absorción de los nutrientes y el agua que absorbe del suelo. En cuanto al área circular que ocupará su base de sustentación habrá que planificarlo con respecto al sistema de riego que se utilizará. En caso de que sea por inundación la extensión de las raíces suele ser el “umbral de la copa”; en otras palabras, ocupará en el suelo aproximadamente el área que ocupa el follaje hacia arriba (como un espejo), mientras que en caso de que se opte por un sistema de riego por goteo, el área de la raíz suele corresponder con la zona de goteo (bulbo) (Olalla; Reyes; Almirón; González, 2007).

  • Tipo de Brotes

Entre los tipos de brotes que se logran individualizar por categoría entre el follaje, podemos distinguir los siguientes. En primer lugar, los denominados “brotes vegetativos”. Son aquella clase de brotes donde solo se presentan hojas. En segundo lugar podemos señalar los brotes mixtos. Estos contienen no solo hojas, sino también flores (denominadas en la mayoría de los casos “azahares”, o “flor de azahar”).  En tercera instancia, expondremos una clase de brote muy particular, que es algo menos común en relación a los dos primeros nombrados; también se le llama “brote campanero”, ya que es una clase de brote mixto, que presenta hojas, pero en la punta lleva pendiendo una flor singular. Una cuarta clase es el denominado “brote de flor solitaria”. En él, como su nombre lo indica encontraremos solo una flor sin la compañía de otras flores ni tampoco de hojas. Sin embargo, en el caso de que se presente más de una, pasaría a categorizarse en nuestra quinta opción, la clase de brote llamado “ramillete de flores”, donde no se presentan hojas (Jaime Coarite L. 2017).

  1. Poda 
    1. Definición y concepto

“La poda de las plantas cítricas es una técnica cultural sobre la cual existen opiniones contradictorias, tanto en lo referente a su necesidad como a su ejecución práctica. Es una tarea laboriosa, que incide en forma significativa en el costo de producción, tanto por su realización en sí como por el tratamiento del material cortado: se lo debe recoger y eliminar una vez que finaliza la etapa de corte” (M. Ragone 2012).

Por otra parte, los resultados que muchas veces se esperan de la poda no siempre se consiguen, debiendo tener en cuenta que sobre las plantas inciden otros factores como fertilización, estado sanitario y riego, entre otros, que pueden influir tanto o más que la poda en el resultado final. Por ser una técnica fundamentalmente manual, el criterio del hombre tiene gran influencia y la aplicación práctica de normas previamente definidas puede realizarse de diferentes maneras, ya que los podadores no siempre concuerdan en las ramas a eliminar. Como consecuencia puede resultar arriesgado recomendar normas concretas de poda, ya que cada lote, especie, variedad y combinación presentan características diferentes” (M. Ragone 2012). En esta aseveración de Ragone, podemos ver que la decisión de podar, como toda incursión humana ciertamente se reviste de ciertas subjetividades. Sin embargo, cuando está bien lograda, presenta importantes ventajas que señalo a continuación:

  • Entre ellas podemos comenzar mencionando la regulación de la producción, la disminución de la alternancia de la carga en las variedades sensibles a ella y en consecuencia su contribución innegable a la mejora de la calidad de la fruta.
  • El aumento de la capacidad nutricional de la planta mediante la renovación de ramas viejas por ramas jóvenes, a la vez que se produce un mejoramiento en la circulación de los nutrientes.
  • Podar adecuadamente favorece la iluminación en el interior del árbol permitiendo que la luz solar impacte directamente sobre zonas poco accesibles. Esto trae a su vez como consecuencia el aumento de la producción de carbohidratos y la formación de un mayor número de órganos florales con hojas, que dan lugar a frutos de mayor tamaño.
  • Una poda bien lograda ayuda a crear una estructura sólida en el arbusto, para evitar (o al menos reducir la posibilidades de) que las ramas principales se desgajen. A su vez, contribuye a mejorar la eficiencia de los tratamientos fitosanitarios que le sean propiciados, principalmente cuando se aplican con turbo atomizador. En una etapa posterior, facilita también la recolección de los frutos (Olalla; Reyes; Almirón; González, 2007).
  1. Principios relativos a la poda

El primer agente importante que vamos a mencionar es la luz solar. Este importante elemento proporciona la energía necesaria para el proceso de la fotosíntesis, proceso por el cual el dióxido de carbono, y el agua proveniente del suelo, se combinan en los cloroplastos de las hojas para formar sustancias hidrocarbonadas o azúcares, básicas para el desarrollo vegetativo y la fructificación. Como sabemos, la fotosíntesis es lo que en realidad nutre a la planta. Sin este proceso, por más que le proveas los nutrientes, moriría de inanición. Por este motivo, es necesario brindar a las plantas las condiciones adecuadas para que capten la luz solar necesaria, estando expuesto a ella el follaje. Debemos tener en cuenta además que la luz solar no sólo influye en la fotosíntesis, sino también en la floración, el cuajado, la maduración y la coloración de los frutos.

Otro principio relativo a la poda, es el llamado “hábito de crecimiento”. Los frutales cítricos, cuando se les deja librados a su crecimiento natural, adquieren una forma en la copa muy singular, con características vegetativas determinadas, propias de cada especie, variedad y también dependiente de la combinación injerto/portainjerto. Normalmente en plantas sanas, las primeras ramas tienden a crecer verticalmente, hasta que su propio peso ya no se los permite, o bien, por los frutos que hayan podido producir. Sucede que a su vez, en la parte de arriba de estas ramas se presentan nuevos brotes, los que posteriormente también se inclinan, comenzando así de nuevo el proceso. De esta manera, las plantas adquieren un equilibrio entre la fructificación y la vegetación que puede favorecer su longevidad, pero económicamente no siempre es lo más adecuado (M. Ragone 2012).

  1. Tipos de poda

Existen diferentes tipos de poda, para las distintas etapas del crecimiento. Todas y cada una de ellas persiguen objetivos a corto, mediano y largo plazo, las cuales se mencionan a continuación:

  • Poda de plantación: Es cronológicamente la primera que se le practica a la planta, por ende, es en este sentido la más importante. En definición, “consiste en eliminar parte de las ramas, principalmente las más tiernas. Normalmente el plantón debe tener una rama principal con una altura superior a 80 cm. la cual se cortará a unos 60 – 70 cm del suelo, ya sea en el propio vivero o bien en la parcela donde se vaya a plantar. También se eliminarán los brotes tiernos que estén a menos de 40 cm del suelo” (Jaime Coarite L. 2017).
  • Poda de formación: La poda de formación en los árboles cítricos debe ser realizada de manera criteriosa en pos de favorecer el adecuado crecimiento de las plantas y permitir el inicio de la producción del fruto lo más rápido posible orientado a la mayor productividad. En plantas jóvenes, la producción está relacionada directamente al tamaño de copa y al número de hojas. Las mudas producidas en macetas deben de tener un tallo único hasta que llegan a una altura aproximada de unos 50 a 60 centímetros, (de ello debe encargarse este tipo de poda). A partir de allí se realizará una poda apical para seleccionar las tres ramas opuestas surgidas de lugares diferentes del tallo a diferentes alturas evitando el efecto horquilla. En otras palabras, se busca que  las ramas surjan  de una misma altura (González Segnana; Tullo Arguello, 2019).
  • Poda de Mantenimiento: Este tipo de incursión es también llamada “poda de fructificación”. Mediante la poda en esta etapa se pretende corregir los defectos originados por el desarrollo vegetativo del árbol y mantener el sistema de poda elegido, además de regular la producción y favorecer la exposición a la luz solar. De esta manera se pretende renovar los órganos de fructificación que estén agotados, y una mejora en la distribución de la fruta, mejorando en consecuencia su calidad. Cuando se siguen las pautas marcadas en la poda de formación y se corrigen los defectos ocasionados por el desarrollo vegetativo, la poda queda en un simple aclareo de ramas cuya intensidad dependerá de los problemas de luz y de la producción (Jaime Coarite L. 2017).
  • Poda de rejuvenecimiento. También es llamada “poda de regeneración” o “poda de renovación.” Mediante una poda severa, es posible recuperar plantas agotadas pero sanas, o sólo afectadas por agentes climáticos, llevándolas a condiciones de fructificación normal. La intensidad dependerá del grado de agotamiento o afectación del daño, teniendo en cuenta por otra parte, que a mayor intensidad de poda mayor será el período sin producción de esa unidad. En el caso de plantas que se encuentren completamente agotadas, la poda consiste en la eliminación del follaje en su totalidad y  de las ramas menores de 3 cm de diámetro. Esta eliminación será mayor cuando la planta sea menos vigorosa. La intensidad de la poda en plantas afectadas por agentes climáticos, por ejemplo heladas, será determinada por el daño producido en la copa. La incursión deberá realizarse después de que se produzca la etapa de brotación, que permitirá ver hasta dónde realmente se han secado los tejidos por los efectos, en este ejemplo, de las bajas temperaturas (M. Ragone 2012).
  • Un detalle que puede ser vital: Cada vez que se procede a podar los arbustos cítricos, debe automáticamente también realizarse la eliminación del material cortado. Los residuos resultantes de la poda deben ser eliminados de la quinta lo más rápidamente posible, resultando un gasto igual o ligeramente menor al costo de la misma. Cuando el tamaño y cantidad de material podado no es importante, puede desintegrarse con las cortadoras rotativas, al realizarse el corte de la maleza. Cuando se trata de ramas de cierto diámetro y el material es abundante, es conveniente (y a su vez necesario) sacarlo y quemarlo en un sitio adecuado. En algunos países donde la producción es subtropical y el efecto de las bajas temperaturas de la noche y de primera hora de la mañana puede volverse contraproducente, proceden a la quema de este material cerca de los plantíos y en forma de cortina a favor del viento. El humo bien logrado logra mitigar parcialmente el efecto de las heladas.
  1. Herramientas, tipos de cortes, estrategia  y desinfección

Como señalamos en la introducción de este artículo, podar adecuadamente si bien es  una tarea relativamente sencilla, tiene a la vez su ciencia y es muy fácil cometer errores vitales que malogren la productividad de la unidad por una poda mal realizada. En este punto veremos variables indispensables para lograr una buena poda que actúe como se lo espera, favoreciendo la producción del cítrico de calidad en cada etapa. 

  • Herramientas: Las herramientas indispensables que se necesitan para realizar la poda correctamente son: una tijera de podar, un serrucho curvo de los comúnmente llamados “cola de zorro”, un machete y una navaja. También pueden utilizarse alicates de poda. Tan importante como las herramientas, es que las mismas se encuentren bien afiladas, y sean correctamente utilizadas. La poda puede realizarse con mayor facilidad utilizando tijeras o sierras accionadas por electricidad, aire o hidráulicas. Con frecuencia las sierras se colocan en el extremo de palos de diversas medidas que extienden el alcance de los operarios” (Ragone 2012).
  • Tipos de Corte: En este apartado veremos las consideraciones generales para realizar los cortes de poda en la manera correcta. Como explica Furó Plá en su apunte,  “al realizar un corte se produce una herida, la cual cicatriza más o menos lentamente según las condiciones del árbol, la ejecución del corte, su situación y los cuidados a ella aplicados.” (Furó Plá, 2017). Por su parte, yendo a lo específicamente práctico podemos señalar que todo corte debe realizarse lo más limpiamente que sea posible, lo cual depende principalmente del perfecto estado del filo de los instrumentos de poda y, claro está, de la destreza del podador. A su vez, debe localizarse el punto y situación más conveniente de la rama o tronco, con la perspectiva de priorizar su cicatrización. Todo corte se realizará de forma que ocasione la herida más pequeña posible, y además deberá protegerse con productos que las preserven de las humedades y parásitos (Olalla; Reyes; Almirón; González, 2007).
  • Estrategia: En cuanto a las estrategias de poda, citaré aquí textualmente a varios autores, que lo explican con asombrosa sencillez: “Buscar una entrada natural, un espacio entre ramas, que facilite el acceso al interior del árbol, con el fin de observar la base del tronco y su estructura. Dicha entrada es preferible que sea por la parte más resguardada de los vientos dominantes. Una vez dentro del árbol, se localizaran las ramas mejor situadas y que formarán el esqueleto del árbol. Todas las ramas descartadas como componentes del esqueleto, se consideraran como ramas de relleno o terceras, ramas cuyo futuro a corto o largo plazo, será su eliminarlas, siempre y cuando el equilibrio y la situación productiva del árbol lo permita. Siempre desde abajo hacia arriba”  (Olalla; Reyes; Almirón; González, 2007).
  • Desinfección: Una adecuada desinfección ayudará a evitar problemáticas como parasitosis, contagios, hongos, etc. Ya fue mencionado más arriba que las herramientas de corte utilizadas para la poda deberán estar debidamente desinfectadas. Aquí veremos que no solo se procede a desinfectar las herramientas, sino también el corte que ocasionaron en pos de mantener esa herida lo más controlada y protegida posible. (Olalla; Reyes; Almirón; González, 2007).
  1. Época de poda

Como toda incursión de alteración del proceso productivo en vías de mejorarlo responde a un tiempo, la poda no es la excepción. No en todos los casos es posible podar en el momento en que el productor lo ve conveniente. Tanto la poda antes de tiempo como la tardía, traen sus consecuencias negativas. Sin embargo, si usted debe elegir por uno de los dos casos, le recomendamos siempre optar por el segundo, ya que si bien no es lo aconsejable termina siendo menos grave. El criterio base al realizar la poda será siempre que la planta se encuentre en la menor actividad vegetativa posible. En el caso de arbustos jóvenes a los que se les debe aplicar poda de formación, siempre y cuando se tenga en cuenta lo mencionado, puede hacerse en casi cualquier época. En caso de árboles más viejos, debe tenerse reparo en las épocas de heladas o bajas temperaturas, ya que los árboles podados muestran ante estos descensos climáticos una marcada fragilidad (Jaime Coarite L. 2017).

  1. Frecuencia de Poda

Cuanto más tardemos en volver a podar más gruesas serán las ramas a cortar, esto significará pérdida y riesgos. En principio una natural pérdida de tiempo, ya que se tardará más en cortarlas. Por otra parte, al ser más grandes las heridas que ocasionará el corte lógicamente subirán también los riesgos de contraer enfermedades. En una poda anual, el árbol está menos castigado y el tiempo empleado en podar será menor. En árboles propensos a una fructificación irregular (o de carga alternante) se deben efectuar podas más ligeras el año que florece poco y podas más enérgicas el año que presenta una mayor floración (Jaime Coarite L. 2017).

  1. Intensidad de la Poda

La intensidad se adaptará al tipo de poda, a la época, la edad de la planta, el motivo por el cual se realiza, el objetivo buscado, y a la frecuencia con la que se realiza. También podemos señalar que ciertas variedades cítricas son resistentes a podas más intensas que otras. Esto se debe a que cada planta en particular, y también cada especie, presenta un factor de resistencia llamado “Respuesta a la poda”. A grandes rasgos, mediante la poda se procura un equilibrio entre dos polaridades: la vegetación y la fructificación (Ragone 2012). En los cítricos, a diferencia de otras especies frutales lograr este equilibrio entre la vegetación y la fructificación no es nada sencillo. Esto se debe a que la fructificación aún no es visible en el momento de realizar la poda. Una manera de conocer el resultado de la poda es mediante la observación del vigor de la nueva brotación. Si ésta es de vigor medio, la intensidad ha sido correcta. En cambio, si aparecen numerosos chupones, será por causa de una poda severa y si la vegetación es débil, ésta no ha sido suficiente (Ragone 2012).

  1. Raleo de Frutos

El raleo de frutos es una práctica cultural importante, con la cual se persigue incrementar el tamaño de los frutos remanentes. Como su nombre lo indica, consiste en la eliminación de los frutos más pequeñitos. Usualmente se hace en forma manual, raleando la planta sector por sector; en especial los que se encuentran ubicados más externamente y en racimos.

* Conclusión

En conclusión, la poda es una combinación de arte con técnica que está basada en el conocimiento biológico del árbol y se lleva a cabo por las cinco razones siguientes: seguridad, saneamiento, estética, producción y calidad. Hay que tener en cuenta que la relevancia de cada una de las razones anteriores está distribuida de mayor a menor prioridad. Dicho esto, la mayor prioridad se da a la poda de seguridad, después a la de saneamiento y al final a las otras tres. Aun así, se deben tener en cuenta cada una de ellas según el tipo de trabajo que queremos realizar.

* Bibliografía

  • “Manual para el productor: poda de cítricos. “  Material perteneciente al proyecto: Manejo Integral de los Recursos Naturales en el Trópico de Cochabamba y Los Yungas de La Paz. (Jaime Coarite L. 2017).
  • “Manual para productores de Naranja y Mandarina de la región del Río Uruguay.” Ediciones INTA. 2012. Varios autores. Capítulo 10. “Manejo del Monte. Poda y Raleo de frutos.”Ragone  (M. Ragone 2012).
  • “Poda de cítricos.” Javier Furó Plá. 2017. Versión online: https://valencia.consellagrari.com/wp-content/uploads/2017/10/APUNTES-DE-PODA.pdf página visitada en abril de 2021 (Furó Plá, 2017).
  • “Poda de cítricos”. Olalla; Reyes; Almirón; González, 2007. En el marco del programa de Cursos de producción agraria IFAPA Centro de Palma del Río. Versión online: https://frutales.files.wordpress.com/2011/01/cit-08-poda_citricos_07.pdf página visitada en abril de 2021 (Olalla; Reyes; Almirón; González, 2007).
  • “Guía técnica del cultivo de Cítricos.” (González Segnana; Tullo Arguello, 2019).

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